Scylla (r. 57)

7 07 2008

Nos invitó a pasar a su casa, sombría morada para los temores más emocionantes y los placeres más dolorosos.Por un momento pensamos que ese no era nuestro lugar, pero observarla nos ancló al suelo. Lentamente se desnudó y cada prenda que caía al suelo revelaba un horror más.  El cuerpo se convirtió en una silueta, y los elementos de su belleza se transformaron en garras, mandíbulas y aguijones. Nuestros cuerpos estaban por explotar,lográmos olvidar a la humana y contemplar a la bestia. Entonces su sedosa y tibia mano nos haló a la cama. Scylla contra el hércules bicéfalo, el minotauro sin su máscara de humano, el horror más grande se alimenta de mi, de nosotros, nuestro deseo y mi temor, ambos pagamos este encuentro y los dos disfrutamos de ella.





r. 56

5 07 2008
“Probaste esas lágrimas sólo para darte cuenta de que eran venenosas”





Yo > Internet

21 06 2008





Río #54

17 06 2008

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Ellos juegan ajedrez (Río #53)

15 06 2008

Empiezan su partida. Todos en las calles, en sus casas, en sus hogares, con sus pequeñas familias. Mueven un peón. Y salen a ver qué pasa, abren las ventanas de la televisión, escuchan las noticias. El segundo mueve otro, planea su estrategia tres movimientos antes. Se horrorizan, se escandalizan o se ríen, todo depende de lo que el hombre en la caja diga. Mueven un peón fuera de su casilla inicial. Y los trabajadores salen a sus trabajos, se despiden de la esposa y de los hijos.

Siguen moviendo las piezas de marfil. En sus grandes pisos, perdidos en alturas insondables para un humano. Juegan en la mañana, en la tarde, en la noche, juegan siempre. Su vida fluye en esos pisos, dirigiendo, administrando a todos los que reposan debajo. Cada pieza, cada día, algunas mueren, algunas nacen pero siempre todas están en sus manos. Todo trabajador tiene un valor, un papel en la estrategia, cada pieza es tan importante como su muerte lo valga. Nadie los conoce, pocos los han visto, son los jefes, los dioses, los grandes. Ellos juegan, y sus piezas son de carne y hueso.

De repente aparece una reina en sus tableros, una reina no blanca ni negra, sino ligeramente azul. Ella se despierta, en sábanas de fríos pliegues y tibio exterior, abre los ojos y ve la tardía hora, se levanta. Asombrados ven como esta reina azul se mueve a su voluntad. "Agenda: Biblioteca, café, almuerzo, café, trabajar dos horas, dormir tres, té, museo, evento, cena, cita, sueño. Un tercer jugador, pero ellos son los dioses, los administradores, odiaron su asombro e insulto. Deciden tomar acción, peón, peón, peón, atacad. La detienen, por su blanca piel y rasgos alienantes, su ropa "extravagante" y por el disfrute de la cercanía de sus facciones, pero nadie logra retenerla, ella suavemente nada entre los dedos de los policías. Enojados, molestos, no quieren jugar con el misterio, ignoran a la reina azul.

Baila con los peones, se mofa de los alfiles, acampa en las torres y uno de ellos cree que tiene seducido a su rey. Día, tras día en las calles de la ciudad con muchas cuadras ella disfruta de su vida, recuerda el mar pero es una memoria lejana. Entonces mandan a la caballería. La comienzan a perseguir los agentes, los secretos, en sus sueños le habían hablado de ellos, criminales que extraen a las mentes de los diferentes para que regresen como miembros funcionales de la sociedad. Pero logra escapar, los dos rivales, los dos jugadores se unen, quieren muerte, quieren sangre azul, sangre real. Escapa, se esconde, en cada casa que conoce, en cada fantasía, pero no lo logra, simplemente conocen donde está y siempre tocan la puerta las sombras. Jaque Mate a la reina intrusa, luego de correrías por todo el tablero. Muerta, exiliada o sin sueños, ¿no es acaso todo lo mismo?.

Ellos siguen jugando, desde sus alturas insondables para cualquier humano. En el suelo, en los pisos, en las calles su voluntad es hecho. Desde que los tiempos iniciaron, ellos jugaban, ellos inventaron las partidas, los hombres quisieron ser ellos y las copiaron. Como marionetas unidas con hilos a la voluntad de sus superiores. Una torre, una guerra, un rey, un presidente, una reina, un diosa, un peón, un hombre, un caballo, un ejército, de marfil todo, como el hueso que sostiene la carne. Ellos caminan, sin dormir, duermen sin soñar, siempre en los cuadros que se espera que cumplan. Pero las piezas azules aparecen, molestándolos. Es cuando alguien sueña, quiere y desea.





Razón (Río #52)

5 06 2008

Cayendo en el río vimos a la vieja razón, ¿muerta?, ¿viva?, realmente no importa, sus brazos languidecieron al darse cuenta del sufrimiento que pasaría, el chocar de su cráneo con las piedras del fondo, sus brazos romperse en el abrazo fatal de la eterna corriente. Ella fue la razón, y su cuerpo palideció ante la irreverencia del río, siempre corriendo, nunca detenido, besó la superficie rugosa del rápido, se despidió del mundo con un grito gutural y en el agua le dio la bienvenida en una caricia íntima, entrando a sus entrañas con fuerza majestuosa.

El río fantaseaba levemente con el momento de su encuentro final, bella, agraciada, quería abrazarla, tenerla dentro de sí, en una mórbida fantasía de entrega total. El río fantaseaba, soñaba con sus propias locuras, con sus océanos de libertad, fantaseaba con acariciar los pies de una damisela durante su baño, pero al acercarse para el acoso solamente la acariciaba por unos momentos. Fruto bendito de su vientre, sus hijas, ninfas hermosas, cabellos de oro y cuerpo sin existencia lo atravesaban, ellas vivían en él, el fuerte las protegía en su interior.

Ella era la razón, pero la visión de su muerte aguada le hizo perder la calma y convertirse en justificaciones emotivas, ella era la razón y mientras caía extendió sus brazos para intentar alcanzar la mano que nunca la ayudaría. Ella era la razón y en su última calma de vida recordó las causas de su entrega, nadie la empujó, nadie la forzó, simplemente estaba cansada de tener siempre la razón.





HoG (Río #51)

2 06 2008

“De puerta en puerta, de fiesta en fiesta, de lugar a lugar, sin verdadero sentido de la dirección, siguiendo un leve halo de sonido, una verdadera vagancia de destino, en la noche grisácea buscábamos cualquier punto rojo, cualquier luz amarilla que ocultara el caos del sonido sin forma, de la multitud sin mente y del movimiento sin norte, de puerta en puerta entramos, de fiesta en fiesta disfrutamos, de lugar a lugar intentábamos caminar sin un verdadero sentido de dirección, sin un destino propio más que pasar la noche.”

De repente, en la penumbra azulada descubrieron un sonido armonioso, suaves danzas del cuerpo eran sugeridas por las llamas eléctricas de color amarillo que se elevaban hacia el cielo, buscando las estrellas y alabando a la luna. Entonces por las grandes puertas de manera, custodiadas por guardias hace tiempo hipnotizados por un poder para ellos desconocido, los invitados retirados hace horas, solo los más fieles quedaban en el templo, y ellos intrusos eran simplemente pichones en la cúpula, sin ser interrumpido por sus risas y cantos siguió el culto a lo desconocido.

Tontamente dieron tumbos hasta el centro del altar, y comenzaron a hacer sus movimientos verduzcos, cultos a las masas que todavía llevaban pintadas en sus rostros. La música era un coro de violines y una orquesta de los cánticos de las bailarinas sacerdotisas, cantos luminosos que llenaban el espacio de pureza y santidad, cantos que viajaban como una suave bruma, como humo de opio, como las fantasías que invadían los pulmones de las vírgenes ceremoniales.

No notaron los movimientos de sus anfitrionas: Lánguidos movimientos de brazos, suntuosos bamboleos de cuerpos encerrados en campanas doradas, sus rostros absortos en el mundo de las fantasías, esperando a que la diosa luna hiciera su aparición, nadando en sueños hacia las estrellas, hasta besar las puntas de las estrellas y acariciarlas con sus dedos llenos de vacío, luego, cayendo en la nada sus vestidos de hilo de oro, sus atavíos de diosas, se llenaban y en giros en el aire se entregaban, las nubes encerraban sus cuerpos con su abrazo deseoso pero ellas las alejaban con sus palmas, sus cuerpos eran del mar, de la luna, quizá de la inmunda tierra pero jamás del aire. Manos al suelo, pies danzantes, cuerpos erectos, bocas entregadas, rostros dispuestos, ojos entrecerrados, soñadores de sueños, bellezas sacadas de su altar, esperando a que la luna llegara.

Entonces la luna se asomó por el óculo, entonces la luz plateada fue la montura para los relieves vestidos de oro, las pobre víctimas no se dieron cuenta de lo que pasaba, pero la ascensión imaginaria se hacía realidad, en caricias del aire, en besos ascendentes se montaron, y en un crescendo de placer ellas subieron hasta besar los cráteres de aquella su diosa, y los perdidos, los escapados, los que accidentalmente entraron en esta puerta, en esta fiesta, en este lugar sin un verdadero sentido de dirección, fueron dejados en la prisión lunar, para ser alimento del espacio inexistente, la luna los engullirá en sus bocas y a las estrellas regurgitará su alimento.





Río #50

29 05 2008

Como un fantasma de otra época, el ser mitológico se deslizó entre crónicas de su pasado y retratos de su futuro. Con voz arcaica leyó los textos modernos, disfrazada de mujer moderna su mente fue refrescada ante la lectura de sus vivencias mágicas.





Autoretrato en Bugatti Verde (Río #49)

25 05 2008

Y así llegó no a la idea sino a la realización de que la luz que tenía frente a sí, la luz que cegaba sus ojos, no era una luz de leyenda sino la luz de la muerte que lo llevaba. Entonces con agua en lugar de aire para sus pulmones, dijo el nombre de quien buscaba en forma de burbujas de dopler. - TL

Era un día de ofensivo calor, la humedad hacía que con sólo salir a la calle la ropa se volviera húmeda e incomodara la gracia y belleza de cualquiera, pero ese día él tenía una cita, en una casa de playa visitaría a unos amigos, a quienes apenas conocía, pero no había nada que hacer y una vista al mar no se escuchaba tan mal.

Llegó como una sorpresa, su pareja de amigos dijo que esperaban a alguien más, maravillas hablaron de la invitada de honor, hasta llegar al punto de hacer sentir al primero un poco apenado por la sorpresa que les dio. Escritora, artista, belleza, conocedora, interminables adjetivos eran engarzados al tejer la vida de quien sería su compañera de hospedaje. “No, no, no puedo quedarme vine solamente a pasar el día”, “Tonterías quédate el fin de semana entero”. Pero a pesar de los ruegos decidió no permanecer más que una jornada.

Tomaban el té, frío con rodajas de limón flotando entre hielos y hojas de menta, delicioso, un poco demasiado, se notaba el esfuerzo para impresionar pero él no era el objetivo de los esfuerzos sino quien pronto llegaría.

“Pronto” se convirtió en horas, y mientras esperaban los temas de conversación se derretían como cubos del hielo al final de la jarra de té, los anfitriones, dos no una y uno, corrieron a preparar otra, desgraciadamente no era tan perfecta como la primera, demasiada menta, demasiada azúcar, demasiado limón y poca agua.

Entonces se escuchó un motor acercarse, el primero de los dueños de la casa corrió a espiar por una ventana, era ella, anunció la llegada de su ansiada visita en un tono tan fuerte que demostraba emoción, pero su voz vibró con la duda correspondiente a los nervios y el miedo.

Era un bugatti verde, descapotable y su conductora acababa de soltar sus cabellos del aprisionamiento de un casco de seda, sus ojos eran tan altaneros como su auto, se quitó los guantes blancos e inmensos lentes oscuros. Saludó de manera seca y tosca, el segundo de los anfitriones tendió su mano para ser presa de las garras de arpía, pero la esfinge estaba demasiado ocupada arreglando su ropa como para notarlo. Entraron todos.

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Solvente (Río #48)

16 05 2008

Eran dos, la primera y el segundo, el segundo era humano y la primera era una serpiente del agua, el primero nació cuando nació y moriría cuando su tiempo fuera justo, ella nunca nació solo apareció entre el fluir del agua y nunca moriría simplemente nadaría hasta el final del tiempo.

Ella salió a la tierra, aventurera e insensata pero lo conoció mientras olvidada su mayor maldición: nunca realmente sentir nada, era una mujer del agua y simplemente podía amar el fluir del agua. La vio y se enamoró de su inexistencia, de lo que no conocía de todo eso detrás del maquillaje y disfraz de persona, él la amó.

Siendo agua podía tomar el color de lo que quisiera, ósmosis, él era dulce, ella fue dulce, él fue amoroso entonces ella fue amorosa, pero ella no era simplemente imitaba, imitaba sin conocimiento de la acción.

Pero un día ella quiso nadar, y sin nada el agua es nada, pero ella nadó entre las calles siendo nada, con capacidad para ser todo, para volver a ser solvente y pura de nuevo, faltante de identidad ella nadó hasta pretender ser algo.