Creo, por sobre todas las cosas, que el arte, tanto como la construcción literaria, debe de ser un oficio positivo hacia la creación. Cualquiera puede escribir hojas y hojas despotricando en contra de quienes cree inferiores, pero se requiere mucho más valor el hablar a través de un trabajo, el exhibirlo, el amarrar la lengua, el veneno de la pluma y dejar que una poesía, quien todavía está viva, una pintura o un cuento hable por uno.
El artista, tanto como el escritor, debe de tener una postura de construcción, de albañil, de creador. Las piedras son para esculpir no para lanzarse. Esta actitud demiúrgica abrirá el camino para una democracia creativa donde el verdadero poder se medirá utilizando talento, disciplina y pasión, no crítica.
La apertura a conocer lo desconocido, a pensar lo impensable, a reconocer el valor de las cosas, es clave, necesario y mandatorio.
El ajustarse a una tendencia oscura, cruel, venenosa y sufrida simplemente nos convertirá en vampiros, chupadores de sangre, monstruos dependientes del odio y excitados por el terror.
El artista se da al mundo, su obra debe de ayudar a crear conciencia o ser la base de algo mejor. Las personas comunes no tienen acceso a la cultura ¿pero deben de ser olvidados?, ¿deben de ser odiados?, ¿no es deber del que tiene darle al desprotegido?, ¿no es el deber del escritor el enseñar a leer al analfabeta?.
El contexto es difícil pero eso no debe de dar pie a hacerlo peor. Alguien me dijo una vez “Si las condiciones no existen hay que crearlas”. Qué fácil es quejarse de lo tonta que es la gente, pero es mejor doblar ese dedo acusador y utilizar en impartir conocimientos sobre la belleza y la importancia de la filosofía. Al germinar este concepto se abrirán las condiciones para la pluralidad de pensamiento, para la culturización de las masas. Ya puedo oír los “no me importan” pero el deber del humano es dejar un legado, la pregunta es qué legado es el que queremos dejar en el mundo.
Quizá soy idealista, quizá soy inmaduro, quizá soy un tonto a quien le gusta escribir sobre las nalgas de Madonna pero antes de regocijarme en el mórbido placer de destruir, de criticar, de separar a la gente de mí prefiero fundamentar ilusiones y hacer que deje de ser ingenua la persona y perfeccione lo que sea que quiera hacer.
“La poesía está muerta” gritan los fanboys de escritores sombríos de vidas excesivas, recitan sobre la violación de las artes literarias y representan la transgresión al fomentar ideales de inicios del siglo pasado. ¿No existe esta belleza, esta gracia y el poder de un Baudelaire, de un Poe, de un Rimbaud en el contraste que sus trabajos representan en contra de la norma, en la innovación que sus palabras fueron para una generación?.
Las nalgas de Madonna me hacen querer buscar el nuevo canon, el poder de las legiones de artesanos de los medios, de los nuevos esquemas, las nuevas filosofías permitidas por wikipedia, de la belleza pluralista y plural.
Ya se acabó el tiempo donde la piedra era lucha, la pintura sangre y el discurso mordida, esos son los trabajos de los artilleros, convictos y políticos. Esta es la época de la tela, la pantalla, el mp3 y la masa, de imprimir sustancia a los avances del siglo XX, de usar la publicidad para letrar, la música electrónica para elevar y la fotografía para emocionar.
Nos encontramos en la era de la velocidad, en donde se les olvidó leer, donde se les olvidaron los museos, donde uno son mil. Pero mi insulsa individualidad me hace impulsarme a querer ser como aquel hombre prehistórico que pintó su mano en la cueva, y llevar el sentido, dedicación y pasión al grafiti, que la filosofía asiática sea el lenguaje común y el arte decorativo se encuentre en las vallas del centro comercial, en la revista y en el más ignorante de los mandatarios.
El mundo cambiará por el arte, pero no por el viejo esquema pasivo sino por llevar activamente la antigua estructura, el andamiaje a los nuevos medios.