Inseparable

Podrías ir y preguntarle a quien monta ese caballo qué es una armadura, él debe de saberlo pues dentro de ella no hay nadie. Durante décadas combatió, su máscara significó terror, su diseño infundió respeto, el caballero que la llevaba puesta no se la quitaba, todos olvidaron su nombre pero nunca su aspecto, su piel ya no era su carne sino el metal que la protegía.

Cuentan que a un arquero se le escapó una flecha y rompió una de las amarras, debajo de toda la protección alcanzó a ver una piel morada, asfixiada por el metal y golpeada por las incontables batallas, la presión le cortaba el flujo de sangre. Pero al arquero no le importó, lo que quería de aquel caballero era que luchara, que gritara y cortara cabezas del enemigo.

Pero un trozo de fierro no puede tocar, no puede sentir y raspará a quien quiera acariciarlo, quien se oculta debajo de un traje se olvida de cómo se siente el aire rozarlo y la suavidad de alguien respirando sobre su piel. Tiene que acostumbrarse a la incomodidad de las placas chocando, raspando hasta cortar y como el dolor de tener que llevar una armadura es constante no sentirá cuando la irritación se vuelva infección, y pasará por alto cuando la infección se harte de él.

Eso fue lo que pasó, luego de años sin quitarse su rol su cuerpo se rindió, murió y solamente quedó un cascarón hueco. Ahora solo nos queda intentar hacer que ese papel se interprete a si mismo, sin actor, que esa armadura se mueva sola sin guerrero.

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