No hay Lugar Como el Hogar

Prólogo 1

Prólogo 2 - Los Tres Acompañantes

Prólogo 3 – Diálogo Nocturno con uno de los Carroñeros

Prólogo 4 – El ángel

Este era un ángel normal, un alma suelta a la que dios le había quitado los ojos y pinchado los tímpanos. Este también era un demonio normal, un alma suelta a la que el diablo le había puesto dos ojos extra, de los que desechaban de los ángeles y les doblaba el oído. Esta era un alma normal pero no era un cuerpo convencional; Estaba remendado por un ángel ciego, habían dos huecos y ella tenía que decicir cómo llenarlos. Un corazón con el demonio no era recomendable, un cerebro con el ángel seria fanático, una mente diabólica sería viciosa y el valor de un ángel en los intestinos sería tan ciego como él. Así pues decidió por el valor bestial del carroñero en el vientre y el corazón bien intencionado y paciente del ángel.

Ambos se disfrazaron como tripas y ventrículos y yacieron al lado del cuerpo. Reunió todas sus fuerzas y salió del precipicio que era su cadáver, insertó el corazón, lo masajeó para que palpitara, luego tomó los intestinos, puso los extremos donde correspondían e inmediatamente dejaron su color grisáceo y se volvieron rosados. Solamente faltaba que ella se posara en el cuerpo.

Cientos de ojos miraban desde el cielo, la tierra y el subsuelo, un experimento de esta categoría nunca se había dado. Dios y el diablo veían con emoción, su aburrimiento milenario se iba a apagar en un parpadear de ojos, nunca se les habría ocurrido ni a ellos tal prodigicio de la ciencia que experimenta por simple morbo. Ella se acostó sobre su cuerpo y el cuerpo explotó. Las defensas luchaban contra los intrusos pero los órganos de repuesto estaban bien pegados, eran una infección y como tal comenzaron a supurar pus, amarilla con suaves tonos verdes, era la enfermedad, la epidemia. Ella se levantó pero con puro valor y sentimientos esta silla de tres patas se vino abajo, no había como pensar, el cuerpo dejó de luchar “si no puedes vencerlos, úneteles” gritaron los ejércitos de glóbulos blancos. El ángel sintió que algo iba mal cuando las puntadas comenzaron a sanar demasiado rápido, el demonio en el intestino presintió el mal como un golpe en la cabeza que lo deja inconsciente. El alma hace mucho había dejado de ser ella misma, estaba inconciente y la resonancia de lo divino, lo enfermo y lo diabólico se desencadenó como una desgracia.

Ella era la muerte, era la enfermedad, todo lo que tocaba se volvía amarillo, perdía la vida. Sin mente caminó, buscando lo que cualquier corazón e intestinos quieren, comer lo que sea y sentir lo que sea, llegó al primer pueblo y una suave brisa adelantó su infección, por las ventanas y rendijas entró, todos los habitantes murieron al instante. Sin vida para darle a sentir se convirtieron en comida. Durante días caminó, esparciendo la muerte por todo el mundo, pero cuando hubo comido lo suficiente su corazón, que ya no era el ángel sino un híbrido paranoico, sucio con lo diabólico y resignado de ver el lado infectado de lo divino quiso regresar a casa, el alma que estaba en estado de regresión estuvo de acuerdo y los intestinos no opusieron demasiada resistencia siempre y cuando pudieran seguir digiriendo todo el banquete.

Para llegar al cielo tienes que construir una escalera muy larga, la más alta de todas. Caminó hasta llegar a un bosque, sus pies estaban llenos de sangre, putridez y barro. Derribó árboles, los partió, amarró, clavó y pegó juntos para hacer una escalera, cuando este bosque no le fue suficiente caminó hasta llegar a otro que también sucumbió ante su búsqueda divina, sus manos se habían vuelto expertas en romper árboles, cuando hubo terminado el segundo bosque siguió con el tercero, el cuarto, el quinto hasta arrasar con todos los árboles del mundo.

Su escalera era la más larga, era un puente que daba de un continente al otro, era todos los árboles del mundo, no le importaba el destino de la tierra, ella quería llegar al cielo y ningún precio era demasiado, pero para este sueño ningún precio era suficiente.

Su infección ya era demasiada, su cuerpo comenzaba a decaer, pero con su último esfuerzo levantó la escalera, la movió con sus fuerzas inhumanas y ella no cedió, con la fuerza de millones de árboles se levantó, por sobre las nubes y la estratósfera, pero las nubes eran de gas y la escalera cayó cuando se intentó apoyar en ellas, la tierra se estremeció, pero su objetivo la había cegado, su cráneo vacio no se iba a poner a verificar si la escalera iba a dar al trono de dios o al fondo del mar, ella sintió que escalaba hacia el cielo mientras reptaba hacia el fondo del mar. Ni su corazón de ángel enardecido, ni sus intestinos de demonios distraído la podía hacer sobrevivir el ahogamiento. Su pus infectó el océano, enveneno a los peces y la tierra terminó.

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