Su resistencia llamó la atención de alguien, un ángel llegó al lugar y con hilo dorado unió ambas mitades del cadaver. Cuando hubo terminado abrió algunos de los puntos y verificó: faltaba el cerebro, el corazón y los intestinos. El demonio no hizo más que observar con sus cuatro ojos como el ángel ciego buscaba a tientas alrededor del cuerpo las piezas faltantes. Se sintió decepcionado al no encontrarlas, pensó que había hecho un mal trabajo, para compensar le dijo al alma, quien ya no sentía sus brazos por estar colgada por demasiado tiempo: “No encuentro tres de tus órganos, para ser justos me convertiré en uno y llenaré la vacante hasta que mueras, pero debes de elegir cual de los tres”. El demonio carroñero estaba demasiado aburrido de su vida, le hizo señas al alma para indicarle que haría lo mismo, pero ella tenía que elegir cual de los tres espacios supliría.






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