The American o Newsflash: Italia es bonita y construir cosas lleva su proceso

Claro… eres americano. Piensas que puedes escapar a la historia, vives en el presente.

Me parece haber leído hace tiempo que uno de los indicadores de que alguien está mintiendo es la cantidad de detalles que pongan en la historia, a mayor cantidad mayores probabilidades de que sea una mentira; no sé si eso es cierto, pero tiene sentido que el actuar sea lo inverso: entre menos detalles hay sobre un personaje es más difícil encararlo. Ese es el principal reto con que George Clooney se debe de haber encontrado con su personaje en The American, incluso las personas se adhieren a “Signore Farfalla” bajo la premisa de que es un hombre lleno de pecados sin confesar, misterioso, exótico, peligroso y americano (por cierto, en cierta parte de la película se escucha la versión original de esa canción con destino triste).

Esta es una de esas pocas ocasiones en que una película pajilla (bonita por fuera pero sin nada por dentro) funciona perfectamente. No sabemos mucho de la historia, no sabemos casi nada de los personajes este es un hombre fabricando algo en un pueblito italiano, punto y final. No tengo palabras ni metáforas para describir su estructura, o falta de una, es como si el centro de la historia tuviera que ser un helado y las secciones que se ven en la película son las chispas de colores que van encima, pero en este caso no hay helado sino que solamente tenemos las chispas desperdigadas sin realmente nada que las sostenga, flotando y brillando coloridas.

Por ejemplo el personaje de Thekla Reuten (acabo de buscar su nombre, ni idea quién era antes de este film) es el personaje que pone todo en movimiento pero no sabemos realmente nada sobre ella (spoiler: la película no nos dice nada), cada vez que aparece en escena se ve y actúa como una persona completamente diferente; normalmente esto se podría considerarse como un problema de continuidad sin embargo en The American inicia toda una serie de pensamientos sobre la naturaleza de los espías, dudas sobre cuál es su trabajo, adónde va cuando sale de escena y sus motivaciones.

Pero lo realmente exquisito de The American es la cinematografía, minutos enteros se van en tomas de la construcción de algo y realmente no aburren, son los momentos más divertidos de todo el film, la dedicación con que este personaje pone todas las piezas juntas se ve reflejada en la meticulosidad con que cada toma está compuesta. Los paisajes italianos no son usados de una forma que ofenda y que parezcan anuncios para atraer turistas sino que son el reflejo de una realidad innegablemente bella. Todos estos elementos puramente estéticos se unen de cierta forma que resulta en un film cuyo vacio no molesta sino que causa que la imaginación quiera llenar ese gran espacio en blanco.

 

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