No hay lugar como el hogar #3 – Diálogo nocturno con uno de los carroñeros

Todo esto sucedió mientras llegaba el atardecer, mientras las sombras iban cayendo ellos comenzaron a llegar, demonios, monstruos que se alimentaban de las memorias, los sentimientos y las pasiones de los muertos, a cada uno le tocaba un cadaver.

Su cuerpo estaba partido en dos pero su alma no se despegaba de el, como un abismo algo la halaba hacia abajo, hacia la oscuridad, voces clamaban su nombre y la invitaban a estar con ellos en el olvido. Sus ojos vieron como la sombra se acercó y la observó detenidamente. No podía comer de este cuerpo pues el alma seguía unida, tenía que esperar, la precaria situación de esta mujer no auguraba durar mucho.

La fuerza que tenía dentro llegó en el momento más inesperado, durante horas logró aferrarse al borde de su cuerpo, al mundo terrenal, el carroñero examinó detenidamente el cadaver y le llamó la atención la ausencia de un cerebro, un corazón e intestinos, este cadaver no le servía, sin ninguno de esos órganos ella era simplemente un cadaver vacío y sin importancia. No era nadie.

La oscuridad de la noche poco a poco se fue iluminando, ella seguía atada a la vida de un cuerpo hace mucho muerto, los fuegos fátuos poco a poco trajeron luz al rostro del ente que esperaba que ella muriera para ver si podía por lo menos entretener su estómago con la sangre, se vieron fijamente durante horas, ella un alma muerta y él un cuerpo en descomposición.

Esperaron y esperaron, sus brazos estaban demasiado cansados y el demonio se estaba cansando de esperar al borde del precipicio, consideró golpearle las manos para que se soltara pero eso iría en contra de las reglas, pensó en ayudarla pero no podría comer, además ese cuerpo estaba muerto, la guerra hacia mucho había termiando y todos se estaban dando un festín y a el le tocó ese cuerpo que no terminaba de morir. Decidió seguir esperando, tenía hasta el amanecer de todas formas.

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