Al amanecer salió del pueblo con todo lo único que le quedaba: un abrigo, la ropa que llevaba puesta y sus recuerdos. Sintió la necesidad de ir a la guerra, pelearla y ganarla. Se puso sus zapatos de gala blancos. Sus manos estaban acostumbradas a la labor del hogar pero tenía por seguro que una lanza no sería muy diferente de un azadon.
Cada piedra que podría haberse encontrado en el camino había sido robada, cada grano de polvo era rentado, cada gota de rocío sobre las hojas era un préstamo, el ver el amanecer iba a tener un impuesto y la luz del mediodía iba a tener una cuota restringida para cada persona. Todo había sido sellado y firmado, este mundo ya no era el de ella. Nunca había pasado más allá del horizonte que podía ver desde su casa, ella era diferente pero nadie se había atrevido a decírselo, nadie lo sabía, ella iba a la guerra a pelear por algo que no podía haber sucedido, intentando recuperar algo que nunca fue suyo.






Hmmm no sé porqué me acordé de Jean D’Arc..
No lo había visto así pero creo que hay algo de eso.