Leonardo #0 – Obertura

Durante sus sueños las dunas ondularon como el océano, el olor de la arena le recordó las especias, el sol cortaba con su cimitarra la oscuridad y la luna lo llamaba a su cama, a su harem de estrellas. El cielo era un mosaico y la tierra una colección de alfombras. La distancia le imploraba su presencia, el destino le decía que debía de viajar, oriente le exigía su llegada con el canto de un oasis. Despertó de ese miraje y el alba rompía por su ventana, este sol occidental nunca sería suficiente.

Durante sus sueños las dunas ondularos como el océano, el olor de la arena le recordó las especias, el sol cortaba con su cimitarra la oscuridad y la luna lo llamaba a su cama, a su harem de estrellas. El cielo era un mosaico y la tierra una colección de alfombras. La distancia le imploraba su presencia, el destino le decía que debía de viajar, oriente le exigía su llegada con el canto de un oasis. Despertó de ese miraje y el alba rompía por su ventana, este sol occidental nunca sería suficiente.

Durante sus sueños las dunas ondularos como el océano, el olor de la arena le recordó las especias, el sol cortaba con su cimitarra la oscuridad y la luna lo llamaba a su cama, a su harem de estrellas. El cielo era un mosaico y la tierra una colección de alfombras. La distancia le imploraba su presencia, el destino le decía que debía de viajar, oriente le exigía su llegada con el canto de un oasis. Despertó de ese miraje y el alba rompía por su ventana, este sol occidental nunca sería suficiente.

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