Hace unas semanas me dirigí al cine en mi visita semanal a sus salas. Ya que literalmente no había nada más entonces vi The Bounty Hunter con Jennifer Aniston y Gerald Butler. Dos cosas saltan a la vista: a. Tanto ella como él siguen haciendo el mismo papel una y otra vez, ella es Rachel y el es el de The Ugly Truth. Otra cosa que es evidente es que la trama es deprimentemente predecible y que hasta los mismos diálogos entregan en bandeja de plata lo que va a pasar a continuación.
También pude ver el final de Full Metal Alchemist: Brotherhood, y luego de que esta versión si me pareció más cautivante que la primera me encantó todo el desarrollo, la trama y el final… estuvo… adecuado. Realmente mi mayor queja es que luego de estirar todo durante tantos episodios todo se vuelve completamente anticlimático. Y al igual que The Bounty Hunter el final es ese mismo que estamos esperando.
Pero más que el final en sí no pude evitar reflexionar sobre algo que dije sobre el mismo final, antes de verlo, que fue: “Espero que no sea un final de feliz”, implicando que un final de este tipo podría significar un final inadecuado o malo. Y realmente siento que en eso es que estamos terminando en general, los cuentos de hadas, las telenovelas mexicanas, la industria del cine basura y otras muchas fuentes nos hacen pensar que un final feliz es un final completamente vacio.
Creo que está más relacionado con el hecho de que un final feliz es uno que realmente hace que toda la trama termine en ese punto, no hay una mayor reflexión al futuro, y quizá un público más “educado” (cerramos comillas) necesita una película que los haga pensar, tenga un fuerte shock emocional o simplemente les recuerde su teoría de que la realidad no es tan alegre.
Estoy en este momento intentando pensar en una película independiente, aclamada por la crítica que haya tenido un final feliz y honestamente no se me viene ninguna a la mente. Todas terminan en tristeza, depresión o genocidio. Y las que tienen final feliz son… Funny Face, Transformers o films de esa categoría. Me pregunto realmente si esto se aplica a todo. Y al final del día creo que ese odio a los finales felices, o planos, habla realmente más de mí (nosotros, y la sociedad) que de los productores de nuestra actitud hacía la vida y de nuestra visión cínica (o independiente) del universo.
Aunque como nota al pie de página hay finales alegres que si son realmente terribles.








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