Desde pequeños, en las canciones, en los libros de autoayuda, en la vida y en todos lados nos dicen que en la vida están los que tocan la guitarra y los que aplauden. Así que desde pequeños somos los que blanden la espada o los que la reciben, desde pequeños somos hombres o mujeres. Sin realmente ofender al género femenino sino refiriéndome a las representaciones de Giacometti. Nada más que líneas, de nada valen los géneros, aquí tenemos al que ataca y a quien recibe, el falo y la vagina. Así que en esto hemos quedado, todos somos, no hombres y mujeres, sino quienes disparan y quienes no tienen otra opción y otro deseo freudiano más que recibirla, el primero exitado en la única línea que representa su emoción y el otro temblando de terror ante el hierro. Que emocionante.






