Ella escribía en bellas hojas de papel en blanco sus más cotidianas anecdotas, sus recuerdos más inocentes y sus pensamientos más puros, ella quiso ser esa persona sin tacha y sin mancha, perfecta y deseable.
Pero en secreto escapaba para poder escribir sobre sus cuadernos de páginas negras aquello que deseaba contar pero no podía nadie leer, las herramientas de su propia destrucción que eliminarían cualquier vestigio de su comodidad. Las perversiones más deliciosas solo serían negro sobre negro en las páginas de su memoria.
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