He estado pensando en el tiempo, en esa cadena incorpórea que condena a toda la existencia pero que a la vez no existe. Todos los humanos estamos condenados a desgastarnos en el fluir del tiempo, a envejecer, y eventualmente (esperemos) morir.
Lo divertido del asunto es que el tiempo como dimensión física está casi comprobado no existe o no tiene efecto, en cualquier proceso de velocidades, aceleraciones, o cualquiera de esas cosas que aprendemos en el colegio y se nos olvidan, realmente no importa la dirección en que se desenvuelve el tiempo. ¿Será el tiempo una maldición auto-impuesta?.
No puedo evitar ceder ante la tentación de recordar, comparar mi "hoy" con mi hoy de hace un año, tales comparaciones prueban ser más dolorosas cada vez, cada año hacia atrás resultó un estado más placentero que el presente, y el futuro se muestra como una incógnito que ahoga. Tendrá razón el sabio que dice que quien añora sus tiempos pasados tiene que suicidarse.
Encuentro interesante los elementos de la nostalgia, canciones que forman una biblioteca de remembranzas, sonidos que me recuerdan a épocas que fueron hace tanto que me parecen ayer, de hecho son increíblemente similares al día anterior, pero en términos de contexto creo que cada día es otro mundo.
El tiempo no existe, pero nuestras memorias son vigentes, dormir hasta tarde en la universidad, reírme en el colegio, pero el presente es un calvario hacia la nada del futuro, es extenuante.
Y si no fuera poco hay que luchar en contra de la corriente del universo que gira hacia adelante con una fuerza que los científicos juran no existir. Hay que dividir 24 horas entre unas 8 que son tiempo muerto para dormir, unas dos horas diarias para actividades varias y lo que queda entre dos vidas: la que tiene que ser y la que quisiera ser. Tan freudiano.
Los viejos con suerte ven atrás y observan una colección de logros, los jóvenes que se sienten viejos vemos a lo pasado y vemos un vacío reconfortante, yo veo una cama acogedora hasta las 11 de la mañana.







