La historia de alguien que conocí (Río# 46)
10 05 2008Nadaba entre los océanos del mundo, cuando todo era todavÃa lo que iniciarÃa la vida de la tierra como lo es ahora, todo lo que nadaba, reptaba o volaba era tan pequeño como un grano de arena, como un átomo o como una molécula de éter. Nadé eternamente, sin morir, cruzando y sin temor, amando a nada y manteniéndome solamente yo.
Mientras tanto por las tierras caminaban los primitivos, similares a nosotros creados por el universo para mofarse de nuestra mayor virtud y más grande defecto: no sentir nada.
Sin embargo nosotros mantenÃamos superioridad al conocer el mayor secreto, nuestro conocimiento y ligereza nos dejaba existir para siempre sin perecer.
Ellos lanzaban lanzas al mar, cazando a nuestros hermanos los peces y nosotros nos burlábamos de sus casa, lanzando piedras, dejando que vieran nuestras siluetas y nos tuvieran temor, no nos comprendÃan y por eso nosotros los repudiábamos.
Fue entonces cuando los dioses se congraciaron conmigo, producto de sus peleas y la castración del creador del universo recibà la bendición de renacer de la espuma, mi materia ya no era la de una serpiente acuática sino que se habÃa mezclado con la existencia de un dios, mi conocimiento era mayor pero seguÃa sin sentir. Pero una misión y un atributo me fueron encomendados, la belleza y dispersarla.
De entre la espuma me fueron entregadas piernas, y piel resistente como la de los humanos, pero la bendición masoquista de tener sentimientos habÃa sido alejada de mi.
Caminé por los desiertos de la ignorancia, viendo como los hombres se maravillaban con el recién descubierto fuego, y sentándome entre varias tribus les enseñe a construir juguetes con hojas a los niños y a comenzar a soñar. Me encontré con el gravÃsimo problema de que sus sueños eran simplemente representaciones de la realidad, por eso tuve que velar sus ojos por las noches, mostrarles la belleza de las fantasÃas, pero sus mentes estaban atadas a la arena, al suelo, a la tierra, a la suciedad, fue cuando con suavidad y con palabras les cree un mejor camino, en sus sueños conocieron la belleza y quisieron alcanzarla. Cada uno de ellos conoció una fantasÃa diferente y en el afán por compartirlos comenzaron a hablar.
Y entre los gemidos y gruñidos que emitÃan crearon poesÃa, cuentos e historias, cada uno soñaba y luego compartÃa lo que vio con su tribu. Caminé convirtiéndome en leyenda, sobre que era la primera mujer, la creadora, una diosa. Pero con la religión y sus historias apareció el miedo, las mentes que se habÃan independizado también tuvieron miedo, “La creadora de mundos fantasiosos”, “Sus hijos nos destruyen en sueños”, y otros que me habÃan alejado del todo con sus desprecios anunciaron que a mi regreso todos morirÃan, mis hijos serÃan blancos y con barba, y todo su pueblo caerÃa bajo el filo de su espada.
Las eras pasaron, y caminé eternamente entre los diferentes pueblos, conversando con artistas, y mientras soñaban, mi mundo, me introducÃa mezclando mi mente con la de ellos hasta hacer una fantasÃa que despertarÃa en una obra maestra. Ellos no conocÃan mi proceder y mi verdadero objetivo, pero fui su mujer preferida, su modelo, su “musa” dijeron recordando el nombre que me habÃan dado en algún tiempo.
Pero el agua me llamaba, mi mitad serpiente me indicaba que era momento de regresar, despojándome de los vestidos que mi magia habÃa inspirado regresé al agua para descubrir que era famosa, templos en mi honor, pues mi nombre era el de una diosa y era sinónimo de belleza.
Las jóvenes me adoraban, las mayores me envidiaban pues conocÃan como era antes de mi ascensión. Pero mi trono me esperaba y al lado de los jefes estuve, conociendo sobre los humanos las leyendas que rodaron fuera de mi boca se hicieron en las mentes de todos un escape exótico, y se hizo moda salir a caminar entre los humanos, unirse con ellos, jugar con sus sentimientos. A pesar de las diferencias entre ellas y yo algunas jóvenes se creÃan superiores a mi por haber tenido hijos y dejarlos olvidados en las calles de alguna gran ciudad. Mis palabras habÃan hecho daño a la comunidad, y más daño hicieron cuando en la superficie empezaron a matar a las que caminaban entre los humanos.
No es posible, pensé, esos no son los humanos que conocÃ, tenÃan miedo pero nunca herirÃan, nunca harÃan tal cosa. Decidà regresar y me encontré con el horror. Nadie veÃa sus sueños, ahora eran una fantasÃa del cerebro que le rendÃa honores al azar. Los edificios ahora eran cuadrados y masivos, las personas se ponÃan cualquier cosa encima, los pensadores pensaban solamente en la tierra y en lo material, los dioses estaban en las áreas marginales y el dinero, oh terrible abstracción lo dominaba todo.
Intenté retomar mi forma de actuar de antes, contacté a unos cuantos escritores pero cuando inicié mis palabras sobre las fantasÃas escupieron y hablaron sobre la inexistencia de la belleza, de como la violaban y la detestaban, de cómo lo feo era lo que estaba en sus mentes y la frivolidad de la belleza. Ellos se reunÃan a ejercer el culto a la fealdad, olvidando lo que realmente era el arte y concentrándose en simplemente quejarse del mundo.
En una de sus reuniones intenté explicarles y hacerles entender, del lenguaje de sus sueños, pero nadie escuchó, simplemente se rieron y tomaron por sentado que su arte era mejor que el arte de la belleza, que el fondo era lo importante, que el corazón muerto y ensangrentado era más importante que el hermoso cuerpo danzante.
Fue entonces cuando golpeada, horrorizada y decepcionada intenté regresar al mar, adonde también me rechazarÃan por lo que inicié, asà que antes de entrar me quedé en la playa, mitad serpiente, mitad humana, sin ser una ni la otra, en el olvido y en el ostracismo. Entonces llegó él, y mientras me cargaba para que descansara en la sombra me habló sobre la belleza que se perderÃa si yo moria, y entonces él me dio vida nueva.










