Onironauta (Río #45)

4 05 2008

El sol se encontraba en su punto cúspide y nos saludo desde lo alto, era una carreta inmensa halada por caballos de mar, en la tienda principal se encontraban los dioses festejando el día.

Entonces sobre una colina la vi, todavía éramos niños, fui el único que se le acercó en la escuela y le habló, y ella me contó su secreto entre cortes de papel y dibujos infantiles, me dijo: “Cuando vayas a la cama, jugaremos en mi casa”.

Corrí hacia ella, interminables millas y cuando nos encontrábamos la colina estaba sobre la luna, señaló hacía la tierra y no dijo una palabra, me tomó de la mano y nadamos hacía los océanos, en dos brazadas estábamos con los peces del fondo del mar, danzando canciones con tambores y flautas por una orquesta que tocaba en un escenario de coral.

Nadamos hacía el sol, y con alas de plumas y cera llegamos hasta las nubes, me invitó a sentarme en una para tomar el té. Mientras el viento nos arrastraba pasamos al lado de grandes montañas, pesados edificios y cuando ella me tomó de la mano me sentí seguro, hasta que decidió saltar para caer sobre la ciudad, pero como una pluma aterrizamos en la calle principal donde corrimos entre las imágenes de adultos en su camino al trabajo.

En un momento me encontré con mi padre y con un parpadeo me encontré en el aula de clases, todos los niños burlándose de ella y mientras la atacaban se centraba en leer un texto. Vi una imagen de mi mismo callarlos y gritar, esa imagen fue la de un caballero rescatando a una princesa, como la imagen del cuento, ella se dio la vuelta y vio al espectador y me guió a la puerta que daba al pasillo, al abrirla entramos de nuevo al océano.

 

Un edificio a la distancia, y luego una ola me llevo a la ciudad, donde pude ver como todos los adultos seguían caminando, de repente todos desaparecieron y unas cuantas personas caminaban en contra de la dirección que todos parecían querer seguir, varias de ellas me miraron y cuando descubrí que mi compañera de viaje estaba a mi lado fue por las miradas de reproche que estas personas le lanzaron.

Regresamos a la luna, donde encontramos unas ruinas, con el chasquear de sus dedos las ruinas regresaron a ser edificio y entramos. Era el taller del tiempo, y dentro se encontraban relojes de todo tipo, con todas las horas y de todas las formas, relojes de arena, de agua, de sol, de luna, mecánicos, magnéticos, de cuarzo, escuché unos pasos acercarse por el pasillo, pero nos hicimos pequeños y nos escondimos con los ratones entre las paredes.

Ellos nos invitaron a comer, pero nunca comprendimos si íbamos a cenar, almorzar o desayunar pues todos los relojes tenían horas diferentes. Mientras comía queso y vino ella me apuró, dijo que el transporte nos dejaría. Corrimos entre pasillos en las paredes hasta que nos encontramos en lo que parecía una estación de tren, con la ligera diferencia de que no habían vías sino un espacio vacío, nos sentamos en una banca y ella me comentó sobre lo que me parecía el viaje y yo respondí que me divertía, antes de terminar la palabra se escuchó un sonido que se acercaba, era una ballena que se colocó para que pudiéramos subirnos a una canastilla en su lomo, nadando en el espacio nos trajo de nuevo a la tierra, donde en una colina soleada nos detuvimos a ver las nubes.

Pero la marea subió hasta que nos cubrió totalmente y cubrió las montañas, cubrió el sol y el cielo, cubrió a todo el universo, entonces llegaron. Ellos me querían a mí, nos apartaron, con sus colas de peces y cuerpos transparentes me arrastraron, ella lejos de mi gritaba mientras su piel se disolvía en el agua salada. En una prisión de perla y coral me dejaron, la soledad era mucha y ni los guardias me acompañaban, a dos peces espada dejaron en la entrada de mi habitación marina, intenté dormir. Entonces abrí los ojos y estaba en mi habitación, el sol entraba por la ventana y escuchaba a mi mamá llamándome para desayunar, al querer levantarme me di cuenta de que mi cuerpo no respondía, era un niño atado a la cama, entonces mi madre entró y me vio tirado, me regañó y regreso a su oficio. No logré levantarme sin importar todas las fuerzas que utilizara, estaba clavado. Regreso y me observo, quise hablar pero no pude, quise gritar pero no pude, entonces ella grito y mi padre entró a la habitación.

Todos asustados me levantaron y al doctor. En el camino cerré los ojos, estaba otra vez en la prisión de coral.

Años pasaron en esa prisión, cada vez que dormía despertaba y veía como todos sufrían a mí alrededor, estaba en coma, nunca despertaría, quería despertar pero los peces espada no me lo permitirían. Una vez la vi de largo, creo que se olvidó de mi, la vi correr con otro niño en la distancia, los vi juntos pasar por las nubes y a él también lo apresaron, encerrados a mi lado cientos de sus víctimas, olvidadas por ella y sufriendo una vejez fuera del cuerpo. Mis lágrimas se pierden en la sal del océano de sueños, pero mi madre las limpia en el cuerpo de carne y hueso.


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