Veneno (Río #43)
28 04 2008TenÃa que preparar su próxima exposición, la galerÃa estaba exigiendo material nuevo y él sabÃa cómo proveérselo. Una carta habÃa llegado, de no poder colgar más de 10 cuadros su muestra serÃa cambiada por la de otro artista de menos renombre pero “mayor responsabilidad”.
Desde pequeño escuchaba sobre los grandes pintores del mundo y él querÃa ser como ellos, conocer a la belleza como si fuera su esposa y reproducirla con la mayor gracia y despojo posible, vivir a favor de algo y morir románticamente para conseguir esos objetivos.
El siempre supo que no tenÃa talento como los grandes artistas, no podÃa imaginar de la nada grandes paisajes ni crear rostros de personas en su mente, por eso siempre se dedicó a la actividad recreadora, recrear paisajes de la ciudad que compraban los turistas y retratos para la alta sociedad, siempre todo copiado de la realidad.
Fue a los pasajes de la ciudad, oscuros y olvidados, esquinas con olores fuertes y groseros, compró una botella llena de lÃquido sin color, regresó a su estudio y colocó unas cuantas gotas sobre su lengua y los sueños iniciaron.
Color de fuera de la ciudad, experiencias de otro mundo, libertad total y no tener que seguir las reglas impuestas por la sociedad, el hermoso estilo de vida que siempre soñó pero obtenido artificialmente a cambio de unos cuantos billetes, no era un gran artista, lo sabÃa pero podÃa generar obras como si fuera un soñador nato.
Tomó el pincel y como si fuera un maestro coloreo los lienzos llenándolos de imágenes inexistentes e incomprensibles para los más genéricos, colores fuera del uso tradicional, decÃan los crÃticos y asà lo amaban.
30 cuadros fueron creados, 30 cuadros entregados y 30 cuadros colgados en la galerÃa, se hizo una visita exclusiva para compradores y crÃticos, todo se vendió en la misma noche y los medios exageraron las capacidades del pintor.
El siguiente dÃa era la muestra para el público en general, las personas caÃan extasiadas ante la belleza de los colores de los cuadros.
El pintor decidió celebrar esa noche su triunfo, soñando, pero soñar era adictivo y cada vez querÃa más, hasta que toda la botella vertió en su boca y mientras una gota invisible cruzaba su quijada los sueños se lo llevaron para jamás regresarlo.










