Realidades (Río #32)
Todo inició con un marinero, una cocinera, un constructor, un herrero y una campesina. Todos ellos vivían sus vidas en los límites marcados por una época difícil, intentando trabajar, intentando mantener las vidas que llevaban más que salir adelante.
El herrero pagó el dote de la campesina, su padre lo necesitaba para poder mantener a las hijas más pequeñas así que ella tuvo que subsistir bajo el manto de un matrimonio sin amor, pero logró adaptarse, eventualmente tuvieron una hija que cuando sus padres murieron y no tenía como vivir se mudó a la ciudad. El constructor y la cocinera vivían en la ciudad, fue una común historia de amor, él la vio por las calles y luego la acosó hasta que ella aceptó casarse con él, no por amor sino por conveniencia, su madre enferma necesitaba medicamentos y él prometió dárselos, la señora murió pero la cocinera ya no era cocinera, era jefa de la casa y le gustaba mandar a varias sirvientas, tuvo un hijo pero no de su esposo sino de uno de sus socios, su esposo se enteró y ella tuvo que huir con el padre. El marinero surcaba los mares y conoció a una serpiente, pero no en el mar, ella había salido de las aguas y se dedicaba exitosamente a la pintura, cuando el marinero fue ascendido a capitán y formaba parte de la sociedad fue invitado a la galería donde vio a la mujer con la piel más blanca que conoció jamás, sus ojos lo hipnotizaron, se casaron y tuvieron una hija que intentaría dedicarse a las artes pero su fracaso la obligaría entrar al mundo de la enseñanza.
La hija de la campesina y el herrero tuvo que dedicarse a deambular por las calles esperando que hombres le ofrecieran dinero a cambio de sexo, era una persona normal, no tenía belleza ni ropa fina así que tuvo que comenzar a depender de las personas con menos dinero, ganar centavos por lo que otras ganaban miles. La maestra le dio clases de pintura al bastardo hijo de la cocinera, el muchacho tenía talento pero la maestra tenía los sueños dormidos en sus genes y no tuvo excito, su estudiante le parecía interesante, tenía un toque rudo y delicado al mismo tiempo, se enamoraron como solo se enamoran una mujer mayor y un estudiante, ella quedó embarazada y decidió mudarse de ciudad para no enfrentar a la humillación. La prostituta una noche fue llevada por un hombre a su casa, un hogar demasiado fino pero él pudo ver la belleza en sus sueños, él amó las imágenes de campos y perros en el campo, la hizo suya pero se aburrió de ella en la mañana siguiente y la dejó en el mismo lugar donde la recogió. El hijo de la maestra soñaba con un mundo de colores, pero los muros de la ciudad eran grises, en las noches iba con sus amigos a pintarlos con colores artificiales, con los colores de sus sueños, desgraciadamente los muros son fuertes y la lluvia lavaba las pinturas. La prostituta se asustó con el nacimiento de su hija, no sabía que había quedado embarazada pero se imaginó que aquél hombre era el padre, era una niña con piel blanca pero no de papel, tenía ojos café como ella. La niña vivió en un orfanato donde su madre la dejó, deambulaba tarde en las calles donde conoció a una banda de muchachos que solían pintar las calles. Mi bisabuelo se arrepintió en su lecho de muerte y quiso buscar a su nieto, quiso dejarle todo su dinero a su nieto ya que su hijo había muerto, con todo su dinero logró encontrar que su hijo había tenido una relación con una maestra de arte, el hijo de la relación era un vándalo, pero era su nieto, lo aceptó como tal, así que le heredó todo a mi padre. Cuando nací, fue con los ojos llenos de agua y una piel tan blanca que los doctores se asustaron, no lloré, los que soñamos no lloramos pues pensamos que hemos entrado a otro sueño, mi madre intentó esconder mi realidad con maquillaje y asesinas exposiciones al sol, pasé la escuela como una niña normal y lentes de contacto, los inhumanos esfuerzos de mi madre daban frutos pero por dentro, en medio de mi inocencia yo soñaba, no podía ver todo sin imaginarme un mundo, no podía ver una piedra sin imaginarme una historia, pero mis ilusiones no eran una malformación, no eran un cáncer. Cuando fui al colegio todos parecían ver mi piel blanca pero yo siempre lo reconocí como parte de mi misma, una conmigo, mis sueños estaban y mientras los demás compartían en mi soledad me ilusionaba con mi propia mente.
Estaba en el océano, de mi propia creación, y aunque no lo supiera podía hacerlo por instinto, sin saber que lo hacía, y lanzaba todos mis recuerdos y realidades en el mar del subconsciente, donde sin saberlo todo se une para crear una nueva realidad.
Mi imaginación se desataba y formaba nuevos conceptos que nadie entendía, solamente yo en mi soledad. Podía ver en el camino a la escuela a estas mujeres con ropa de colores chillantes y pieles blancas, cabello perfectamente negro y labios rojos, mi madre y sus amigas se reían de ellas mientras se refugiaban en la uniformidad de sus abrigos grises, pero en las noches yo soñaba con esos vestidos de colores y maquillaje magenta, cian y amarillo.
En la universidad intenté usar colores pero poco a poco fui llenando mi armario con ropa gris, deseché todo mi maquillaje y mis zapatos eran bajos. Pero siempre soñaba con nadar en mis océanos, con capturar marineros y hacer que murieran destrozados entre piedras. Y mientras las personas morían a mis pies quería pintar sus rostros, fantaseaba con poder capturar el dolor en su muerte y que todo el mundo quisiera tener esos retratos en sus comedores. Tomé cursos de pinturas y practicaba con los equipos de mi abuela, llegué a dominar la técnica. Pero siempre se me dijo que era un sueño, dado que yo vivía en sueños no podía más que soñar.
Eventualmente crecí y comencé a tomar conciencia de mis sueños, podía entrar en ellos a voluntad y despertar de ellos a voluntad, controlaba lo que veía y lo que no quería ver, pero un día me iban a despertar, me dijeron que todo lo que soñé no era real y que tenía que ver la realidad con mis ojos, conocí el sufrimiento, el llanto y el dolor, no era hermoso, intenté ocultarme en mi mente pero todo estaba invadido por pesadillas, ya no veía las fantasías sino la realidad fuera de mi, como si una pantalla proyectara lo real sobre mis ojos, lo odié, pero tenía que ver la realidad, soñar no da vida.
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