Realidades (Río #32)
29 03 2008
Todo inició con un marinero, una cocinera, un constructor, un herrero y una campesina. Todos ellos vivÃan sus vidas en los lÃmites marcados por una época difÃcil, intentando trabajar, intentando mantener las vidas que llevaban más que salir adelante.
El herrero pagó el dote de la campesina, su padre lo necesitaba para poder mantener a las hijas más pequeñas asà que ella tuvo que subsistir bajo el manto de un matrimonio sin amor, pero logró adaptarse, eventualmente tuvieron una hija que cuando sus padres murieron y no tenÃa como vivir se mudó a la ciudad. El constructor y la cocinera vivÃan en la ciudad, fue una común historia de amor, él la vio por las calles y luego la acosó hasta que ella aceptó casarse con él, no por amor sino por conveniencia, su madre enferma necesitaba medicamentos y él prometió dárselos, la señora murió pero la cocinera ya no era cocinera, era jefa de la casa y le gustaba mandar a varias sirvientas, tuvo un hijo pero no de su esposo sino de uno de sus socios, su esposo se enteró y ella tuvo que huir con el padre. El marinero surcaba los mares y conoció a una serpiente, pero no en el mar, ella habÃa salido de las aguas y se dedicaba exitosamente a la pintura, cuando el marinero fue ascendido a capitán y formaba parte de la sociedad fue invitado a la galerÃa donde vio a la mujer con la piel más blanca que conoció jamás, sus ojos lo hipnotizaron, se casaron y tuvieron una hija que intentarÃa dedicarse a las artes pero su fracaso la obligarÃa entrar al mundo de la enseñanza.
La hija de la campesina y el herrero tuvo que dedicarse a deambular por las calles esperando que hombres le ofrecieran dinero a cambio de sexo, era una persona normal, no tenÃa belleza ni ropa fina asà que tuvo que comenzar a depender de las personas con menos dinero, ganar centavos por lo que otras ganaban miles. La maestra le dio clases de pintura al bastardo hijo de la cocinera, el muchacho tenÃa talento pero la maestra tenÃa los sueños dormidos en sus genes y no tuvo excito, su estudiante le parecÃa interesante, tenÃa un toque rudo y delicado al mismo tiempo, se enamoraron como solo se enamoran una mujer mayor y un estudiante, ella quedó embarazada y decidió mudarse de ciudad para no enfrentar a la humillación. La prostituta una noche fue llevada por un hombre a su casa, un hogar demasiado fino pero él pudo ver la belleza en sus sueños, él amó las imágenes de campos y perros en el campo, la hizo suya pero se aburrió de ella en la mañana siguiente y la dejó en el mismo lugar donde la recogió. El hijo de la maestra soñaba con un mundo de colores, pero los muros de la ciudad eran grises, en las noches iba con sus amigos a pintarlos con colores artificiales, con los colores de sus sueños, desgraciadamente los muros son fuertes y la lluvia lavaba las pinturas. La prostituta se asustó con el nacimiento de su hija, no sabÃa que habÃa quedado embarazada pero se imaginó que aquél hombre era el padre, era una niña con piel blanca pero no de papel, tenÃa ojos café como ella. La niña vivió en un orfanato donde su madre la dejó, deambulaba tarde en las calles donde conoció a una banda de muchachos que solÃan pintar las calles. Mi bisabuelo se arrepintió en su lecho de muerte y quiso buscar a su nieto, quiso dejarle todo su dinero a su nieto ya que su hijo habÃa muerto, con todo su dinero logró encontrar que su hijo habÃa tenido una relación con una maestra de arte, el hijo de la relación era un vándalo, pero era su nieto, lo aceptó como tal, asà que le heredó todo a mi padre. Cuando nacÃ, fue con los ojos llenos de agua y una piel tan blanca que los doctores se asustaron, no lloré, los que soñamos no lloramos pues pensamos que hemos entrado a otro sueño, mi madre intentó esconder mi realidad con maquillaje y asesinas exposiciones al sol, pasé la escuela como una niña normal y lentes de contacto, los inhumanos esfuerzos de mi madre daban frutos pero por dentro, en medio de mi inocencia yo soñaba, no podÃa ver todo sin imaginarme un mundo, no podÃa ver una piedra sin imaginarme una historia, pero mis ilusiones no eran una malformación, no eran un cáncer. Cuando fui al colegio todos parecÃan ver mi piel blanca pero yo siempre lo reconocà como parte de mi misma, una conmigo, mis sueños estaban y mientras los demás compartÃan en mi soledad me ilusionaba con mi propia mente.
Estaba en el océano, de mi propia creación, y aunque no lo supiera podÃa hacerlo por instinto, sin saber que lo hacÃa, y lanzaba todos mis recuerdos y realidades en el mar del subconsciente, donde sin saberlo todo se une para crear una nueva realidad.
Mi imaginación se desataba y formaba nuevos conceptos que nadie entendÃa, solamente yo en mi soledad. PodÃa ver en el camino a la escuela a estas mujeres con ropa de colores chillantes y pieles blancas, cabello perfectamente negro y labios rojos, mi madre y sus amigas se reÃan de ellas mientras se refugiaban en la uniformidad de sus abrigos grises, pero en las noches yo soñaba con esos vestidos de colores y maquillaje magenta, cian y amarillo.
En la universidad intenté usar colores pero poco a poco fui llenando mi armario con ropa gris, deseché todo mi maquillaje y mis zapatos eran bajos. Pero siempre soñaba con nadar en mis océanos, con capturar marineros y hacer que murieran destrozados entre piedras. Y mientras las personas morÃan a mis pies querÃa pintar sus rostros, fantaseaba con poder capturar el dolor en su muerte y que todo el mundo quisiera tener esos retratos en sus comedores. Tomé cursos de pinturas y practicaba con los equipos de mi abuela, llegué a dominar la técnica. Pero siempre se me dijo que era un sueño, dado que yo vivÃa en sueños no podÃa más que soñar.
Eventualmente crecà y comencé a tomar conciencia de mis sueños, podÃa entrar en ellos a voluntad y despertar de ellos a voluntad, controlaba lo que veÃa y lo que no querÃa ver, pero un dÃa me iban a despertar, me dijeron que todo lo que soñé no era real y que tenÃa que ver la realidad con mis ojos, conocà el sufrimiento, el llanto y el dolor, no era hermoso, intenté ocultarme en mi mente pero todo estaba invadido por pesadillas, ya no veÃa las fantasÃas sino la realidad fuera de mi, como si una pantalla proyectara lo real sobre mis ojos, lo odié, pero tenÃa que ver la realidad, soñar no da vida.








