Sábado por la tarde, la luz del sol se filtra por la ventana e irrumpe amarilla y alegre en cada esquina de oscuridad, aleja con sus cánticos el frío de la mañana lluviosa y sentir los rayos acariciar mi pierna me hace sonreír.
El televisor está encendido, volumen bajo para escuchar la canción de la radio, melodías rayadas en los oídos, cursilerías inocentes que hacen pensar banalidades que guardamos en el corazón.
La cama está desarreglada, ha estado así desde en la mañana, es más cómoda en desorden. Las paredes me hablan pero yo no contesto, los corazones pegados en la pared comienzan a flotar como globos de terciopelo por todo el aire del cuarto.
Los almohadones blancos abrazan mi cabeza pesada de pensamientos tontos, más inocentes que los peluches en la cama, en los libreros y en el suelo.
Tengo que ir a bañarme, cambiarme, maquillarme, salir a caminar, salir a divertirme, pero ¿no es más divertida esta soledad?, la gente aburre tanto pero el radio y la televisión no.
Mi sueño despierto se ve interrumpido y de un solo me sacan de la nada, es mi celular que ilumina lo que ya es la noche, me preguntan dónde estoy y digo que en camino, cinco minutos harán una hora, una canción media hora, y el tiempo nunca avanzará hasta que ya sea demasiado tarde para salir, oh, culpa autodestructiva que me hace quedarme aquí, pero aquí no vendrán a matarme, los juguetes me protegerán, y los corazones intoxicarán a quien quiera romperlos.
Las luces de la calle se filtran, tristes testamentos a la maduración de una sociedad sintética, pero el televisor sigue encendido en el canal cultural, es sábado por la noche y me he quedado en casa, todo es tan aburrido pero todo es mejor, la emoción es dañina y nos hace querer llorar por no quedarnos en la cama.
El techo se viste con la luces de colores, verde anuncio, gris dramatización, azul entrevista o rojo noticiero, ya no hay amarillos de programas para niños, simplemente repeticiones de los arcoíris de semanales.
Suena de nuevo el aparato infernal, de nuevo preguntan dónde estoy y de nuevo digo que ya voy, cinco minutos harán la media noche y diez el amanecer.
Pizza, palomitas de maíz y mucha soda hacen la cama indormible, migajas se incrustan en la piel desnuda de la comodidad de las posiciones exóticas, recuerdan sexo.
“Nunca pensar sólo hacer” dice una voz que imagina mi memoria, es la memoria de un interlocutor no deseado pero interlocutor de martes por al mediodía.
Es tarde y comienzo a ver las repeticiones de programas que ya vi repetidos en la tarde.
El baño todavía espera seco, la ropa todavía limpia pero es domingo por la madrugada muy tarde para salir, muy temprano para dormir.