El corría desde su escenario, donde había sido antagonista, asesino, asesinó a la joven virgen que se cruzó en su caminó y tropezó con su hombro tirando sus flores al suelo, ¿Quién cargaba los arreglos? Ella para vender, él para una tumba, nadie lo supo pues nadie vio como sus manos se introducían en el pecho para arrancar el corazón, atravesó la finísima piel que cubría el pecho y el corazón quedó afuera.
¿Estaba loco o quedó loco? nadie lo supo pues nadie vio su espíritu, solo vemos como corre lejos de su escenario tembloroso y con la mirada baja, baja la montaña bajo el abrazo de la luna que siente como dedos que apuntan hacía su crimen, ¿Estaba la muerte en sus manos?.
Camino sin caminar, anduvo sin andar y llegó al río, remojó su cuerpo sudoroso de arrepentimiento y ensangrentado con culpa, las aguas lo abrazaron dándole la bienvenida y lavaron su cuerpo y alma del asesinato, el agua se llevó en su cuerpo la culpa que no significaba nada para aquella que diluiría el peso, el hombre con sus mejillas limpias de lágrimas se vistió y se encaminó a la iglesia como el agua le había susurrado.
Un Comentario
Muy buena historia, me gusta como manejas las metáforas, muy buen trabajo