Un inocente querubÃn sin control total de sus pensamientos tomó un dÃa un pincel y lo mojó en pintura blanca, con su limitada capacidad para volar se dirigió a la bóveda e hizo una raya entre dos candelabros del techo. La corte celestial luego de debatirlo mucho decidió descansar por la noche e intentar hacer oÃdos sordos al caos que serÃa la tierra.
Reunidos sacerdotes, astrónomos, fÃsicos, filósofos y uno que otro profeta discutieron el significado de aquella gran lÃnea que estaba en el cielo uniendo dos estrellas, unos decÃan que era una señal de dios, otros que era el fin del mundo, dos o tres fingÃan que no veÃan la lÃnea y que no habÃa de que preocuparse, pero uno no podÃa estar tranquilo con éstas hipótesis. Se dirigió a su observatorio y revisó los planos, las estrellas debÃan de seguir una forma espiral a partir del punto más alto de la cúpula celeste, ésta lÃnea confirmaba la hipótesis pues seguÃa la forma espiroidal que él mismo habÃa planteado.
La corte celestial se reunió al dÃa siguiente y luego de discusiones entre las cabras y los venados, los conejos y los gatos, los jóvenes y los viejos, los microscópicos y los amorfos se decidió comisionar al espÃritu más glorioso que hubiera en el cielo la reconstrucción de la bóveda celeste, no encontraron a nadie digno en el cielo asà que fueron al infierno, refunfuñando subió la llama espiritual, argumentaba que todo era una conspiración de Bramante para burlarse de él una vez más.
El trabajo se comenzó de inmediato, el cielo es pura luz por lo que relativamente hablando los 15 años que el artista se estuvo completando la obra, entre viajes, lloriqueos y enojos, en la tierra fueron 3 minutos. Cuando la noche cayó de nuevo el caos fue aún mayor, las espirales celestiales ya no estaban, la escalera astral hacia el infinito se habÃa perdido, ¿por dónde subirÃan las almas al cielo?, ¿dios estaba condenando a la humanidad al infierno y al purgatorio?, todos voltearon a ver al amante de Beatriz pero el dijo que no sabÃa nada, el caos fue igualmente grande en el cielo: los hombres verdes se quejaban que en la “gran obra” las mujeres no parecÃan mujeres y los hombres no parecÃan hombres, todos veÃan rayas, puntos y desigualdad, el artista regresó al infierno diciendo que Bramante siempre conseguÃa lo que querÃa.
Al dÃa siguiente se presentaron mapas del nuevo cielo, nadie entendÃa que era pero todos querÃan verlo, nadie querÃa creer que ahora la humanidad estaba destinada al infierno y tampoco la loca teorÃa de que las estrellas se habÃan aburrido de estar en espiral, el gran astrónomo estaba frustrado.
Pasaron meses y las estrellas no daban señales de querer regresar a como estaban inicialmente, el gran astrónomo no habÃa dormido hacÃa mucho tiempo, el estrés se marcaban en todos los aspectos de su vida, era de noche y tenÃa que ir de nuevo a l
a cama, camino entre las paredes de piedra de su casa, abriendo y cerrando las grandes puertas y escurriéndose entre las sombras, todas las puertas a su paso estaban fuertemente cerradas, la mayorÃa nunca eran usadas, el pasillo se extendÃa estrecho y alto ante el paso pesado y solemne del gran astrónomo. Pero una puerta estaba entre abierta, un ojo reflejaba a través de la rendija la luz de la vela que llevaba el pesado hombre, era la hija de la criada que esperaba la hora de poder subir al observatorio para mirar con sus propios ojos el prodigio del cielo, su madre le habÃa prohibido observar al cielo nocturno, el pastor habÃa dicho que era una señal de dios, o artilugios del infierno.
Tanteando su paso, tocaba las paredes enmohecidas y se abrÃa camino entre el pasillo, las piedras, las gradas y puertas, hasta que llegó al observatorio, nunca habÃa estado ahà se lo tenÃan prohibido, observó con sus propios ojos las nuevas estrellas, eran más alegres que las anteriores, las saludó y las observó por horas, su imaginación voló mientras pensaba en las estrellas y tocaba suavemente los instrumentos repasando los bordes filosos, las texturas ásperas y las temperaturas frÃas. En su camino por la habitación llegó al escritorio, y vio un papiro con todas las estrellas y una pluma con un bote de tinta.
PoseÃda por una pasión interna, sin tener pleno control de sus movimientos o pensamientos, simplemente moviéndose por el deseo interno, la pasión del músculo, tomó la pluma y llena de tinta comenzó a dibujar sobre los puntos en el papel, de las lÃneas salieron caracteres celestiales, toda la corte retratada sobre el cielo, pero nadie más lo vio asÃ, ni el astrónomo furioso, ni la niña estupidificada por no entender que habÃa pasado.
Reprendida por golpes al dÃa siguiente la niña tomó una piedra y la lanzó con todas su fuerzas al cielo que habÃa hecho que fuera vÃctima, del cielo llovieron cientos de velas y cristales que bañaron los rostros asombrados de quienes pensaban que el cielo se caÃa sobre ellos.