El agua inunda mi ciudad, mi bella y hermosa ciudad, toda era diagramada como un panal de abejas, las personas fluÃan hacia la calle principal y luego se perdÃan en la trama del centro, en edificios de oficina donde calculaban interminables listas de números.
Pero mi ciudad ha sido inundada, como venganza del océano por violar a sus serpientes, como venganza del universo por lastimar sus pasadizos. Ellas querÃan destrucción y caos, su caminar desorganizado rompÃa con las reglas del fluir de las personas.
Cuando las veÃa en las calles, cuando yo caminaba por ellas, querÃa ser asÃ, soñar, tener sueños y poder verlos siempre, crecà queriendo ser como ellas, imitándolas. Los colores me sentaban extraños pero con el tiempo me adapté, logré ser una de ellas, y con fingiendo sus habilidades escalé hasta lo más alto de la ciudad.
La ciudad, era bella, pero la gente no sabÃa caminar por ellas, hasta que yo les dibuje calles, no las soñé, las investigué y con pruebas - errores descubrà las mejores maneras de guiar el tráfico.
Pero luego ellas comenzaron a soñar más fuerte que nunca, y podÃa verlas salirse de la lÃnea principal, tenÃa que detenerlas, a cualquier precio antes de que destruyeran todo.
Yo dejé de existir hace mucho, me retiré a la mente de los gobernantes, de la sociedad, de los trabajadores, desde ahà diseñé un plan. Moviendo los mismos hilos que quedaban de mi, en las memorias, principios y leyes, asà pude eliminarlas, extraer su esencia y permitir que otros que eran como yo fui, soñadores postizos, pudieran saber que se sentÃa.
Pero el océano se vengó, envió sus aguas sobre las calles y movió los edificios, mi bello status quo perdido, bello, perdido y olvidado, en los sobrevivientes quedo yo, pero tengo que recordar que como una memoria que se olvida, que se bloquea, no como un sueño que regresa como un deja vú.